martes, 15 de junio de 2010

Se marchan...

Se marchan. Pocos vuelven la vista atrás. Les espera un verano de calor, como es costumbre por estas zonas. Tiempos atrás había exámenes en septiembre (en alguna comunidad aun perviven), aquí son ahora, antes del estío. Poco se puede hacer en tan poco tiempo, pero, para gustos, colores.

Se marchan. Algunos aprendieron mucho. Otros, cansados, derrotados o rendidos, ya nunca volverán. Muchos se subieron al tren, a pocos, a muy pocos, los atropelló. Me da un poco de pena de los que lo vieron pasar, se les ofreció asiento y decidieron no subirse. La próxima vez habrá que animarles más o señalarles más el camino.

Se marchan. El silencio se apodera de los patios. En las aulas no quedó más que algún recuerdo de última hora, alguna marca en las mesas, algún corazón en la pizarra con el nombre de dos amantes, con tiza, poco duradero, como aquellos amores de verano. En los pasillos sombra y recuerdos quedan.

Se marchan. Volverán en septiembre, con el otoño, con las hojas amarillas.

sábado, 29 de mayo de 2010

Rocinante y el 5%

Coincidirán los que esto leen con el que esto escribe, que éste, el país del la piel de toro, es un país de Quijotes. O al menos eso parece cuando uno lee la prensa, ve la TV o se pierde entre las editoriales de los periódicos (por supuesto digitales).

Pues, si así es, Don Quijote anda con la lanza un poco (a ver que adjetivo usar para no dañar tan ilustre figura de nuestra cultura) "desafilada" o roma, diría algún insigne académico con aires también quijotescos. Zapatero o Rajoy, o cualquiera de nuestros benefactores políticos no dan "pie con bolo", sus lanzas no "pinchan". Y además, mucho me temo, se parecen, cada vez más, a nuestro Sancho en busca de su "ínsula" repleta de riquezas como lugar donde dormitar en sus últimos días.

Algún funcionario lector podría decir que a él si que le han "pinchado", y que hará revoluciones en busca de ese 5% perdido. Otros, reirán de ese descuento salarial y acusarán de insolidarios a los que puesto fijo tienen. Para todo habrá.

Pues yo, que me gusta más la paralela que la tangente, me preocupo por Rocinante, que nadie se acuerda de él.

sábado, 27 de marzo de 2010

Evaluar y ser evaluado

Llevo unos días intentando escribir algo de las Evaluaciones, o de las Sesiones de Evaluación, o de la forma en que se enfoca este tema con el paso del tiempo. Es difícil entrar directamente al meollo de la cuestión y no herir sensibilidades, o pecar de Demagogia. Se me hace complicado mantener cierta objetividad a la hora de pronunciarme sobre lo importante que este tema es y lo poco que se revisa en nuestra experiencia diaria.

Es por todo lo anterior, por lo cual solo me atreveré a lanzar al viento, o al "mundo matrix de los bites" unas cuantas de cuestiones en voz alta:
  • ¿Evaluamos o Calificamos?.
  • ¿Miramos a nuestras programaciones a la hora de evaluar o sólo sumamos notas de exámenes?.
  • ¿Evaluamos en Competencias?.
  • ¿Aprobamos más, para tener menos problemas y menos burocracia a posteriori?
  • ¿Aprobamos menos, para mantener esa cuerda tensa, pese a que si se rompe siempre lo hace por el lugar más débil?.
  • ¿Evaluamos las TIC?.
  • ¿Nos hemos olvidado ya de los conceptos y solo nos dedicamos a los procedimientos y actitudes, vestidos ahora en forma de Competencias?
Difícil e importante tarea la de Evaluar, y cómo no, la de ser al mismo tiempo, Evaluado.

miércoles, 13 de enero de 2010

Refranes, deseos y educación

Comienza el 2010. Sí, ya lo sé, lo hizo hace unos días. Retomamos el curso después de esas merecidas vacaciones (muchos pensarán que tenemos demasiadas, lo dejo para algún comentarista curioso o atrevido), y la sorprendente nieve en estas latitudes y la gran cantidad de agua llovida nos hace pensar en aquello de "Año de nieves, año de bienes".

Ojalá así sea. Y como hoy estoy un poco guasón, me permito pedir esos bienes para alumnos, profesores, padres y administraciones educativas, que en mi trabajo tienen mucho que ver. Así, solicito a dioses, destinos, magos o cualquier poderoso hacedor de futuros:
  • Pido para alumnos y alumnas dosis doble o triple de esfuerzo, ese que a los padres de hoy les es tan difícil enseñar. Añado a este pedido una pequeña porción de aquello de "educación" en la línea de no tener que repetir tan a menudo el "siéntate bien" o "no me enseñes el chicle para hablar".
  • Para profesores/as pido un paquete repleto de toma de conciencia de la situación actual y de "a estos alumnos no los podemos enseñar como nos enseñaron a nosotros", esto último en formato elixir, por su mejor ingestión.
  • Para las familias solicito algo más de "es más importante la educación de mis hijos que las vacaciones veraniegas que cada vez son más caras y me obligan a trabajar más y no tener demasiado tiempo para mis hijos. Sin olvidar un agradecimiento especial para las "plaiesteison" y los abuelos".
  • Para la administración, algo sencillo, mas dinero para la educación y menos para los que se llevan impunemente.
Pues nada, aquí queda mi petición, con esperanza de que la nieve y sus bondades refraneras me concedan estas rogativas.  Si no son concedidas, dejaré de creer en los refranes, que conste.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Sobre la autoestima de los profesores

Pues eso, que llevo unos días pensando escribir sobre esto de la educación, los profesores, la autoridad, la perdida de estatus, y "yo que sé" que cosas más.

Y en esto me encuentro en Oposinet-Noticias y un artículo de Natalia Ruiz, que resume, y engloba muchas de las ideas que circulan por mi cabeza. Bien ordenadas quedan en este artículo:
Se habla a menudo de infravaloración de la actuación docente, de carencia de protagonismo, de pérdida de autoridad, de la construcción y proyección de una imagen negativa y difusa de la profesión, y de algunas cosas que tienen que ver con la baja consideración del auto concepto docente.

En cualquiera caso, es evidente que la profesión vive y sobrevive con un fuerte complejo de inferioridad, porque se piensa que lo que se hace está poco valorado, que sus innovaciones no son reconocidas y que sus esfuerzos son menospreciados. Es necesario decir que a menudo es el profesorado mismo el que hace bien poca cosa por luchar por este merecido reconocimiento, profesional y social, instalándose en la cultura de la queja permanente; una vía que no conduzco a ninguna parte, más que al propio cansancio y a la desmoralización individual y colectiva.

Las causas de este fenómeno son internas y externas a la profesión y extraordinariamente complejas. Jaume Carbonell analiza diez hipotéticas razones de la baja autoestima docente planteadas de forma necesariamente sintética:

1. El creciente, diversificado y poderoso mundo de los expertos y especialistas de la psicopedagogía y del conjunto de las llamadas ciencias de la educación que monopolizan el discurso educativo. Ellos son los que diseñan reformas, programas de innovación y planes de formación; ellos son los que marcan la agenda de los temas de los cuales hace falta hablar, de lo que es importante y de lo que no es. Ellos son los que investigan, publican y son invitados a los foros educativos y a los medios de comunicación. De esta forma, durante los últimos años, la innovación educativa se ha hecho más desde la academia que desde la escuela. Hay profesores que sólo son escuchados cuando se convierten en expertos.

2. La permanente culpabilidad (desde el ámbito familiar, social y de los medios de comunicación) de la escuela por elfalso descenso del nivel de enseñanza y trabajo del profesorado. Aquí se da una curiosa paradoja: las familias y el conjunto de la sociedad critican los maestros y hasta desconfían, pero, al mismo tiempo, cada vez delegan y confían nuevas funciones y responsabilidades. Es evidente que la polivalencia docente tiene un límite, y cuando se confunde la profesión con las heroicidades de un superman o de una superwoman, difícilmente las expectativas sociales se cumplen.

3. El discurso obsesivo y dominante sobre el malestar docente que eclipsa los aspectos satisfactorios y positivos de la profesión. No negaremos algunas obviedades en algunos contextos y situaciones escolares, donde las condiciones de trabajo se hacen particularmente difíciles, el malestar docente es una consecuencia lógica. Ahora bien, en otras situaciones y circunstancias es necesario analizar si el malestar docente es fruto de las condiciones objetivas o no es otra cosa que la construcción de una coartada y de un discurso cómodo y autojustificatorio para oponerse a cualquier proceso de innovación y de cambio, venga de donde venga. Por otra parte, se olvida la cara positiva de la profesión, como si existiera un cierto complejo de inferioridad a mostrarla, cuando es evidente que hoy hay muchos maestros que encuentran mucho sentido a su oficio, que disfrutan y que descubren un montón de satisfacciones.

4. La irrupción de otros agentes educativos y la competencia que surge, que han hecho que el magisterio ya no ejerza con la exclusividad de hace un tiempo la instrucción o transmisión del conocimiento. La televisión y el mundo de la imagen, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación y el alud de ofertas extraescolares han generado un cierto grado de desconcierto y confusión. Algunos sectores lo perciben incluso como una pérdida de autoridad, como sí su trabajo quedara cuestionada y con un cierto grado de miedo y de angustia delante de un futuro tecnológico que cada vez controlan menos.

5. La crisis la vocación del magisterio, entendida como una carencia de identificación, ilusión y compromiso global con la infancia, la escuela y la comunidad, y una falta de orgullo hacia la profesión. Parece que algunas de estas palabras pertenecen a otros tiempos y que la vocación de maestro se identifica con sacerdocio, voluntarismo y carácter misionero, como si este concepto no fuera susceptible de evolucionar en la postmodernidad y no se pudiera pensar también en clave de una concepción innovadora y progresista de la profesión.

6. El despliegue por parte de la Administración de una amplia retórica sobre la importancia del profesorado, que, en la práctica, se queda en nada. La voz del profesorado -más allá de cuatro simulacros y escenificaciones para salir del paso- es excluida del debate sobre las reformas educativas, proyectos pedagógicos u otras grandes decisiones que afectan directamente al profesorado. Tampoco la Administración es demasiado sensible a la hora de valorar el trabajo real del profesorado, mejorar sus condicione de trabajo o escuchar sus reivindicaciones.

7. La tan mencionada autonomía docente queda diluida o borrada por la cada vez más poderosa colonización administrativa y burocrática de la escuela. Cada vez la enseñanza está más condicionada y regulada -el currículo, la evaluación, los tiempos, los espacios, la organización y funcionamiento de los centros, etc.- y quita libertad a los equipos de maestros y a las comunidades educativas para construir proyectos educativos pedagógicamente diferenciados.

8. Los nuevos planes de estudio de la década de los noventa han supuesto la muerte del maestro y el triunfo del especialista. De esta forma, muchos estudiantes adquieren desde buen principio este nuevo perfil de especialista de educación física, musical o especial, el cual consolidan cuando acceden a los centros, al "integrarse" en los claustros.

9. El auténtico fracaso, quitado algunas excepciones, de la formación del profesorado con respecto a conseguir una nueva cultura profesional innovadora y una modificación de sus hábitos y actitudes que hagan posible un cambio en sus prácticas escolares y en la vida en los centros y en las aulas. Además, esta formación es a menudo muy fragmentada y le falta el enfoque de una visión global de la infancia, la escuela y la enseñanza. En cierta manera, hemos asistido a una continuación -explícita o implícita- de aquella muerte del maestro y del triunfo del especialista al que nos referíamos en el punto anterior.

10. El hecho de que todo el mundo se siente autorizado para criticar y cuestionar la escuela y el trabajo del maestro. A diferencia de lo que pasa con otros oficios y profesiones donde se reconoce la existencia de un saber específico adquirido a fuerza de formación y experiencia, en la enseñanza parece que este reconocimiento no exista y que se piense que se trata de un campo donde el sentido común, la práctica como educadores familiares o la proximidad que da la experiencia como estudiante son capital cultural suficiente por poder interpelar al profesorado de igual a igual. Esta posición se va reafirmando en la medida que el nivel cultural medio de la población va aumentando. No se acaba de entender que el arte o la ciencia también se adquieren con el estudio, y esto, naturalmente, desmoraliza al profesorado.

¿Conclusiones? Sólo tres y breves:

a) Recuperar el orgullo de ser y hacer de maestro con todo lo que esto supone.
b) Investigar y analizar más a fondo estas y otras razones de la baja autoestima, haciendo uso del pensamiento que se fundamenta en las explicaciones complejas y multicausales y no en los cuatro tópicos que buscan la fácil -o imposible, según como se mire- cuadratura del círculo.
c) Transgredir y cambiar en la práctica todo aquello que impide a los maestros tener más autonomía, autoridad y poder. Las dificultades son grandes, pero las posibilidades son inmensas.

sábado, 20 de junio de 2009

Tiempos modernos

Leo en el Adarve una interesante reflexión sobre el "valor" de la escuela. "No sirve para nada", afirma en tono irónico y buscando remover las conciencias (para quién las tenga, claro está).

Hace unos años, cuando no existía la obligatoriedad de mantener a los adolescentes hasta los 16 años dentro de los recintos escolares, las calles, y algunas "dignas" empresas se encargaban de la formación última, de esa fase propedeútica para la vida. A base de golpes se aprende, señalaban entonces, y aún algunos señalan hoy, entrando en contradicción (o tal vez no tanto) con aquello de "la letra con sangre entra".

Los tiempos han cambiado, pasaron unos años, y curiosamente, aun prevalecen muchos de los paradigmas de la educación, digamos "tradicional", y los nuevos métodos no acaban de resolver la desmotivación y el tan traído y llevado "fracaso escolar". Muchos padres, prefieren las escuelas concertadas, otros la creación de grupos homogéneos que libren a sus hijos del mal compañero/a, y algunos, pese a no hablar mucho con sus hijos/as o sus profesores, se dedican a repartir culpas.

Y digo yo, no será que nos han engañado un poco.
3551647478_3d3c62a5a8Subirse al carro de esta sociedad moderna consumista y exigente para con padres y madres trabajadoras, esa que pone en los abuelos la tabla de salvación de todo, esa sociedad que exprime para tener ese móvil de última generación, esa televisión de plasma, o esas excursiones de fin de semana a los grandes centros comerciales; la de los niños/as que todo piden y todo consiguen. Subir a la grupa de este tiempo de "otras necesidades", y cabalgar por sus sinsabores, tiene una cuota, creo, que demasiado alta, que nuestros alumnos/as están pagando, a veces incluso de forma muy cara.

Es dificil adaptar la escuela a estos tiempos, y en eso estamos.
La foto es de: http://www.flickr.com/photos/freeparking/3551647478/in/set-72157603093587995/

martes, 9 de junio de 2009

Del fin de curso y la docena de huevos

No se bien cómo serán los finales de curso en otros lugares. Por aquí, por donde el que escribe, desarrolla sus tareas, trabaja, la cosa anda un poco...digamos, sin acritud, enredada.

Becas.  Donde, curiosamente, en demasiadas ocasiones hay que ir a por los alumnos/as casi con lazo, para que no se queden sin rellenar la "difícil" solicitud que le permitirá disponer, si la resolución lo estima acertado de esas mochilas repletas de pesados, pero gratuitos libros.

3102331419_093b94209a_mSolicitudes varias, matrículas, memorias, inventarios, papeles de la más diversa índole que cuando el calor aprieta, y por aquí lo hace, se nos hacen "pesados pergaminos" con dudosa funcionalidad ulterior.

Además, para llenar esta copa del desasosiego, propio de la época y antes del disfrute de las merecidas vacaciones, nos someten-fríen a encuestas de todo tipo para, espero, testar, éste,  nuestro sistema educativo.

Conste en acta, que también hay por estos días que cerrarlas, que no me quejo de nada, que no caeré en las zarpas de los que fácilmente serían capaces de afirmar que los profesores tienen muchas vacaciones y trabajan poco. Falsos y dañinos tópicos, que acompañan en ocasiones y por épocas a los trabajos o tareas de las personas.
(Que malo el portero de fútbol, que no paró un penalti, e hizo perder a su equipo).

En fin, que por evaluar el fin de curso, echo de menos, desde las familias, desde el alumnado, desde el profesorado, y desde las administraciones educativas, esa, digamos, pregunta, en tono positivo, ¿fue todo bien?, ¿aprendieron mucho los chicos/as?. Echo de menos reflexiones sobre como motivar más a un alumno/a que está desmotivado/a, o incluso, sobre como conseguir que un profesor/a no se desmotive ante, a veces, tanta desmotivación.

Y, por cierto, me acuerdo de un conocido, que cada vez que iba al médico, le llevaba una docena de huevos, y éste al tiempo agradecido que sorprendido, le decía que no era necesario, que él estaba realizando su trabajo. No sirvan estas reflexiones para llenar las casas, de los profesores,  de huevos, pasteles u otras prebendas, pero...¿que tal estaría aquello de decir...Gracias?.

Buen fin de curso a todos.